—Tal vez.
—¿Por qué tiemblas?
—¡Ah! ¿y quién no temblará á tu lado, asido á tu brazo, reina del amor?
—¿Qué esto? dijo la dama con terror y con orgullo, ¡tú no puedes ser el enviado de Yshac-el-Rumi!
—¡Oh! ¡la luna sale! ¡espera, espera á que descubra enteramente su disco y te contestaré!
—No daré ni un paso mas, dijo con terror y con cólera la dama, ¿quién eres? tú no eres el alcaide de los eunucos, ó si lo eres, eres un miserable, un traidor.
—¡Oh! ¡la luna! ¡la luna!
—¡Vuélveme, vuélveme á mi asilo! esclamó la dama pugnando por desasirse del rey que la detenia.
—¡Volver, volver á donde otros puedan verme á tu lado! ¡oh! Dios me ha traido hasta ti: Dios quiere que solo él sea testigo de lo que vá á suceder entre los dos.
—¿Y qué puede suceder?.. esclamó con terror la dama.