—¡Qué, Wadah pretende asesinar á Bekralbayda! esclamó.

—¡Ah! ¡tú amas á esa doncella! esclamó Leila-Radhyah.

—¡Bekralbayda ha sido amante de mi hijo! esclamó el rey.

—¡Ah! esclamó Leila-Radhyah.

—¡Pero ese asesinato! esclamó el rey que estaba desencajado, ¡el pronóstico del buho maldito!

—¿De qué buho hablas?

—De uno que me persigue, que salió de la cueva por donde llegué hasta tí rozando mi rostro con sus alas.

—Era Abu-al-Abu, á quien yo solté para que volase, como todas las noches, fuera del subterráneo.

—Ese buho me predice una desgracia horrible.

—Pero esa desgracia no será la muerte de Bekralbayda, yo te lo juro; te lo juro por el Dios Altísimo y Unico.