—¡Ah, señor!
—Cumple fielmente con lo que te han encargado aquellos á quien te has vendido.
—Solo tengo que esperar á la media noche á que se presenten un hombre y una muger para introducirlos aquí.
—Pues bien, introdúcelos, y cuando estén dentro, no los dejes salir.
—Así lo haré, señor.
—¿No está contigo en la guardia el walí Abd-el-Melek?
—Si señor, pero no sabe nada.
—No importa; dí al walí Abd-el-Melek, que vaya con cuarenta hombres á las Angosturas del Darro; que en el ensanchamiento donde está el primer remanso, busque la entrada de una cueva, que se oculte en ella, que prenda al hombre que entre y que le lleve á las mazmorras de la Alcazaba.
—Asi lo diré á Abd-el-Melek, magnífico señor.
—Dí á esta dama lo que tengas que decirla.