—Te esperaré.
—A tus habitaciones da un patio que tiene un postigo sobre el rio.
—Es verdad.
—Pues bien, yo llegaré esta noche al mediar con una barca por ese postigo.
—¿Y fué? dijo el rey Nazar.
—A la media noche, repuso Leila-Radhyah: yo escitada por lo que aquel hombre me habia dicho, le franqueé el postigo.
Hacia una noche tempestuosa y oscura, llovia, tronaba.
Aquel hombre me dijo:
—Espérame en tu aposento, sultana.
Y sin esperar á mas se perdió por uno de los arcos del patio.