—Que se las pida á Al-Hhamar. ¿Acaso Al-Hhamar no te hizo su esclava? En el momento que tus heridas lo permitan iremos á Africa. Es necesario que tu poderoso padre te vengue de Al-Hhamar.
Pasó así algun tiempo.
El Bokarí, salvas algunas horas de la tarde y de la noche, estaba á mi lado refiriéndome alegres cuentos para entretener mi tristeza.
Lo demás del tiempo lo pasaba encerrado.
—¿Qué estás haciendo? le dije un dia.
—Estoy haciendo un alcázar tan maravilloso, que no habrá rey que se atreva á construirle.
—Pero si le haces tú, no hay necesidad de que le haga un rey.
—Sí, pero yo le hago imitado en gacela, y para levantarle, para que se toque con las manos como ahora se toca con la vista, serian necesarios grandísimos tesoros.
—¡Y no me enseñarás ese alcázar! le dije.
—Ven conmigo, me contestó.