—¡Ah Leila, Leila de mi alma! esclamó el rey Nazar: ¡y cuán culpable he sido para contigo!
—Eso ha sido un sueño, una pesadilla que ha pasado, dijo Leila-Radhyah sonriendo tristemente: déjame continuar.
El Bokarí no volvió á hablar mas de mí á mi padre hasta que se concluyeron las obras. Cuando mi padre le hubo pagado, el Bokarí se atrevió á decirle:
—Voy á España, señor: ¿qué diré á la desdichada que en aquella region llora?
—Cuéntala lo de la inscripcion; le respondió mi padre.
El Bokarí salió triste y acongojado de los alcázares de Al-Mostansir Billah, porque me amaba y habia concebido esperanzas de que mi padre me volveria su afecto.
Pero ni una palabra me dijo acerca de esto, sino cuando un año adelante le ví próximo á la muerte.
Entonces me lo reveló todo; y un amigo suyo, un renegado español, quedaba encargado de mí, de Bekralbayda y del Palacio-de-Rubíes.
Daniel-el-Bokarí murió al cabo, y entonces conocí á Yshac-el-Rumi.
Ya le conoces tú.