—¡Rey!
—Si por cierto: el califato de Córdoba se hunde: cada walí se cree bastante poderoso para declararse rey: Aben-Hud acabará mal; su corona se divide en muchas coronas.
—¿Y dices, señor, que Juzef-Al-Hhamar es rey?
—Sí; rey de Jaen, Guadix y Baeza. No hablemos mas de esto.
—¿Pero esta inscripcion?
—Rómpela.
—¿Olvidais que es el nombre de Leila-Radhyah?
—Rómpela.
—¿Pero por qué tanta severidad, señor? ¿No os digo que Al-Hhamar?...
—No hablemos mas de esto; esa desdichada ha debido morir... y no ha sabido morir. Rompe su nombre, y no le vuelvas á poner delante de mis ojos ni á enviarlo á mis oidos.