El rey encerró á su hija; pero la princesa empezó á languidecer.
El rey llamó á los sabios y les mostró la princesa:
¿Qué enfermedad padece mi hija? les preguntó.
Y los sabios le respondieron:
Tu hija languidece de amor.
Nosotros no nos atrevemos á volverle la salud; pero hemos consultado las estrellas, y las estrellas nos han dicho:
Allá en el Andalucía, del otro lado del mar, en la hermosa Córdoba, la hija del rey encontrará alivio á su dolencia.
Y el rey que amaba mucho á su hija la envió á Córdoba.
Pero su hija no volvió.
Han pasado muchos años.