—¿Y has sido tú?

—Sí, yo he sido el brazo de la justicia de Dios.

—¡Y tú, tú acaso tambien!... esclamó el rey mirando con ansiedad á Leila-Radhyah.

—¡Oh! ¡no! esclamó horrorizada Leila-Radhyah: ¡yo no se asesinar!

—He sido yo, dijo Yshac-el-Rumi, y salió lentamente de la cámara.

El rey Nazar huyó de ella.

Leila-Radhyah levantó á Bekralbayda y se la llevó consigo.

El cadáver de Wadah quedó allí solo y abandonado.

[IV.]
EN QUE YSHAC-EL-RUMI HACE PENSAR AL REY NAZAR.

Pasaron algunos dias.