Presentóse el anciano.

—Irás á las habitaciones de la sultana Bekralbayda.

—Iré señor.

—La dirás que tú, sabiendo que ama al príncipe Mohammet, quieres conducirla á su prision.

—¿Y la conduciré?

—Sí; esta noche.

—¿Y cuánto tiempo permanecerá allí la sultana?

—Déjalos solos y avísame.

El wacir se inclinó y salió.

El rey Nazar atravesó algunas cámaras, llegó á una puerta y la abrió.