Una muger se arrojó en sus brazos.
Aquella muger era Leila-Radhyah.
[V.]
CELOS Y MISTERIO.
Era la media noche.
El príncipe Mohammet velaba en su alto calabozo de la torre del Gallo de viento.
La veleta rechinaba.
Sin embargo, la lanza del caballero no se fijaba en ningun punto.
El príncipe, para entretener su tristeza, leia los amores del poeta cordobés, Abu-Amar, que tenian mucha semejanza con los suyos.
De tiempo en tiempo se asomaba á una ventana y miraba á un ángulo del patio á un ajimez donde se veia el reflejo de una luz y delante de aquel reflejo una sombra de muger.
Pero una de las veces que el príncipe miró á aquel ajimez, le encontró oscuro.