Pasó algun tiempo, y el ajimez permaneció abandonado.
Al fin, vió luz en la galería inferior y aparecieron una muger que iba enteramente cubierta con un velo, acompañada de un anciano que la alumbraba con una lámpara.
A pesar de ir tan cuidadosamente encubierta la dama, el príncipe la reconoció.
—¿A dónde irá á estas horas y acompañada de un viejo Bekralbayda? esclamó con celos y con rabia.
La muger y el viejo atravesaron el patio y desaparecieron por otra parte de la galería.
El príncipe continuó abstraido en la ventana.
Poco despues se oyó un ligero ruido en la escalera de la torre.
Luego la llave de los cerrojos de la compuerta.
Al cabo la compuerta se alzó, y apareció una muger.
Volvió á caer la compuerta y la muger quedó sola é inmóvil aunque estremecida delante del príncipe.