—Poderoso príncipe y señor, dijo prosternándose, ven si te place á que tus esclavos te cubran de las vestiduras reales.

El príncipe salió.

La cámara quedó desierta.

Fuera crecia á cada momento el ruido de las gentes de armas, de las pisadas de los caballos, y del toque de añafiles y timbales.

Asomaba por el oriente un sol esplendoroso y todo anunciaba un gran dia.

[VII.]
EL PERGAMINO SELLADO.

Aun no habia acabado de levantarse el sol sobre la cumbre del Veleta, cuando el rey Nazar departia mano á mano con Yshac-el-Rumi.

—Estoy satisfecho de ellos, le decia, y soy feliz.

—¡Ah señor! tú has nacido para la gloria y para la fortuna: esclamó Yshac tristemente.

—¿Paréceme que te pesa de mi felicidad? dijo con recelo el rey.