—¡Ah! no, no señor: es que soy tan desgraciado que la alegría me entristece, y hoy hasta el dia es alegre.

Hubo un momento de silencio:

—Pero esto no importa, continuó Yshac; lo que yo queria lo he conseguido, Leila-Radhyah y Bekralbayda son felices; ¿qué mas puedo yo desear?

—A propósito, es necesario que vayas á traer á Bekralbayda; el camino es por aquí.

Y el rey abrió una puerta secreta.

Cuando salia Yshac, entraba por otra puerta una muger magnífica y resplandeciente: era Leila-Radhyah.

—¡Ah! ¡luz de mis ojos! esclamó el rey: al fin luce para nosotros el dia de la felicidad.

—Y para nuestros hijos tambien.

—¡Oh! ¡y cuán lejos está de sospechar su ventura mi hijo!

—¡Y cuán digno es de ser feliz! ¡pobre niño! tres meses encerrado con su amor y su desesperacion en aquella torre.