—Y tú, tú tambien amas al príncipe mi hijo, Bekralbayda.
—El destino ha querido que sea suya mi alma, contestó Bekralbayda.
—Tú, dijo el rey Nazar dirigiéndose á su hijo, has tenido celos de tu padre.
—¡Ah señor! murmuró el príncipe.
—Y tú, añadió el rey, volviéndose á Bekralbayda te has creido amada por mí.
Bekralbayda calló.
—Es verdad dijo el rey que yo he buscado tus amores.
Leila-Radhyah palideció intensamente al oir esta confesion del rey y dió un paso hácia adelante.
—Pero antes de pedirte amores, continuó el rey Nazar, escribí lo que se contiene en ese pergamino que está cerrado sobre esa bandeja y sellado con mi sello. Tú Bekralbayda escribiste tu nombre sobre el pergamino cerrado ¿le conoces?
El rey tomó el pergamino y le mostró á Bekralbayda.