—Nada teneis ya que hacer aquí: el buitre ha visto á la paloma y afila sus garras: ¡idos!

—¡Idos! repitió Lotario.

—¡A Dios! dijo don Oppas levantándose: nos has dado hospitalidad é injurias; la hospitalidad y las injurias serán pagadas. A Dios.

Y salió con los hijos de Witiza.

Florinda permanecia inmóvil en la cámara.

—Hija del conde don Julian: cuando llegue la hora de la desgracia me tendrás á tu lado, dijo Kaib.

Y salió lentamente de la cámara.


Don Oppas y los hijos de Witiza regresaron á Toledo.

Los dos mancebos se perdieron por las altas y estrechas callejuelas de la ciudad, y el obispo, seguido de los monteros, llegó al palacio, descabalgó delante de la puerta de los Leones, y á través de la guarda, que se inclinó respetuosamente á su paso, se encaminó á la cámara del rey don Rodrigo.