—Espera un momento, señor; voy á pedir á mis esclavas mi lira de marfil.
Apenas hubo vuelto Florinda la espalda, cuando don Rodrigo trémulo, dominado por una ardiente y próxima esperanza, vertió el contenido del pomo que le habia dado don Oppas en la copa que habia llenado Florinda.
Poco despues la jóven volvió preludiando de una manera mágica en las cuerdas de oro de una magnífica lira de marfil.
El semblante de Florinda estaba triste y apenado como si un funesto presentimiento oprimiera su alma, y permaneció de pie preludiando en su lira á poca distancia del rey.
—¿No bebes, señor? le dijo despues de un momento de silencio ¿recelas acaso de la copa de tu vasallo?
—Es antigua costumbre que el vasallo beba primero cuando ofrece la copa á su rey, dijo don Rodrigo.
Y presentó la copa á Florinda.
La jóven sostuvo con su brazo izquierdo su lira, tomó la copa y bebió un sorbo.
—La libacion completa, dijo el rey sonriendo, esa es la costumbre.
Florinda apuró la copa.