—¡Ah! ¿el amor es muerte y vida?

—Escucha: dijo el príncipe asiendo una mano á Bekralbayda y llevándola á un banco de cesped donde se sentaron: el amor es la vida, cuando se satisface: el amor es la muerte cuando se desea sin esperanza.

—No te entiendo.

—Entonces si no me entiendes, ¿cómo has escrito la gacela en que que llamabas y que me has arrojado con mi flecha?

—¡Ah! ¡tu flecha! esclamó estremeciéndose Bekralbayda.

—¿Por qué tiemblas alma mia?

—¡Tu flecha!... estaba yo reclinada en mi divan: acababa de cantar un antiguo romance de los amores de una hada.

—¡Ah! ¿con que ese romance no lo cantabas para mí?

—No, hace mucho tiempo que lo sé de memoria, contestó sonriendo Bekralbayda.

Sofocó un suspiro de despecho el príncipe.