Despues llamó á Kaib.

Este apareció de improviso como si hubiese estado detrás de la puerta.

—Ha llegado la hora de la tribulacion, Florinda, y me has llamado, héme aquí: ¿qué quieres?

—Es necesario que lleves esta carta á mi padre á Tanja.

—Iré, dijo Kaib.

—Pues bien, vete y que el nuevo sol te vea cabalgando hácia el oriente.

—Antes de partir es necesario que yo te deje segura y libre del infame.

—¡Ah! esclamó Florinda cubriéndose de rubor: ¿sabes?...

—Lo sé todo: yo soy mago.

—¿Y habias previsto la horrible desgracia que me iba á acontecer?