Muchos dolores han pasado por ella.
Ha visto morir á su padre y á los suyos.
Está sola, sola en el mundo.
Sola con su deshonra y su desventura.
Y las mugeres árabes la siguen, arrojándola lodo y gritando:
¡Esa es la Kaba!
Una mano amiga ha abierto para ella las puertas de la ciudad.
Y la desventurada corre por el campo.
Corre y la luna alumbra su pálido semblante y los ecos nocturnos repiten sus insensatas carcajadas.
¡Ay de la gacela que huye!