Pero ya sea la noche oscura ó apacible; ya la alumbre la verde luz del relámpago ó el pálido reflejo de la luna, si pasais junto á los brocales de la cisterna y escuchais ya un gemido, ya un canto, no os asomeis al oscuro brocal, porque puede tragaros el abismo y haceros probar el mismo infierno que prueba hace centenares de años Ased-el-Schevaní.
Esta es la historia maravillosa del alma de la cisterna.
Sed, pues, justos, buenos y caritativos, porque Dios, Altísimo y Unico, condena al pecador con lo mismo con que pecó.
He aquí la tradicion referente á los algibes de la Alhambra.
¿Dónde pudo tener origen?
¿Escuchó algun poeta moro, durante una noche melancólica el derrumbe del agua en los algibes, ó algun gemido del viento en sus altas bóvedas romanas y de ello tomó asunto para escribir una bella leyenda árabe?
No lo sabemos.
Pero sabemos sí, que muchas noches oscuras y tempestuosas nos hemos asomado á uno de los brocales de la cisterna y hemos escuchado atentamente.
Solo hemos oido el crugir de las gotas de la lluvia sobre el agua allí depositada, pero nunca nos hemos podido hacer la ilusion de que aquel ruido procediese del gemido de un alma condenada, ni del canto de un ser sobrenatural.