Pendiente del cuello de la niña se veia un amuleto, y á su lado un pergamino en que estaban escritas estas palabras:
«Una sultana la ha dado á luz. Las buenas hadas la han llamado Bekralbayda.
»Que ojos humanos no vean su hermosura, porque seria desgraciada y lo serias tú.»
Yshac, me sacó del canastillo, llamó á una nodriza y me crió secretamente.
Porque aquella niña, como te lo ha dicho mi nombre, era yo.
No recuerdo los primeros años de mi infancia.
Sin embargo, algunas veces como un sueño lejano, confuso, creo recordar á una muger.
Recuerdo tambien confusamente que era muy jóven y muy hermosa.
Yshac afirma, sin embargo, que no me vió otra muger que mi nodriza, que era una rústica que nada tenia de hermosa, mientras que la muger que yo creo recordar era hermosísima.
Pasaron los años.