—Sí.

—Pues bien, aquel es Yshac-el-Rumi.

Dicho esto Bekralbayda respiró libremente como quien descansa de una larga jornada, guardó algun tiempo silencio y luego dijo al príncipe.

—Escúchame, te voy á contar una historia.

El príncipe escuchó con toda su alma.

V.
UNA HISTORIA MUY SENCILLA.

Una alborada de primavera subió Yshac-el-Rumi, al terrado de su casa.

En él encontró un canastillo de palma primorosamente labrado, y cubierto de hermosas flores.

De entre las flores salia el vaguido de una criatura al parecer recien nacida.

Yshac quitó las flores y encontró debajo una niña vestida de blanco.