—No importa, tira hácia tí de la primera tabla; sácala.
María desencajó la tabla.
—Mira bien al fondo del armario, dijo Sancho de Arias. ¿Qué ves?
La jóven miró con cuidado.
—Veo un cajon muy encajado y muy disimulado, y en el centro de él un agujero.
—Mete la misma llave del armario y tira.
María tiró.
—Saca lo que encuentres dentro.
María metió la mano en el cajon, y encontró otra bolsa de seda pero mas grande que la que habia encontrado bajo la almohada y pesadísima con relacion á su volúmen.
Aquella bolsa estaba tambien cerrada con un cordon y en un papel cosido á ella estaban escritas estas palabras. «Dote de María.»