—¡Rica yo!

—Sí; ya te he dicho que cuando te adopté pensé en que un dia serias muger, en que amarias, en que te casarias, y quise que tuvieses una buena dote: pensando en esto, guardé para tí un tesoro que encontré en la habitacion donde habias quedado abandonada.

—¡Un tesoro!

—Sí; y un tesoro de inestimable valor. Busca debajo de mi almohada. Encontrarás una bolsa.

—Héla aquí: dijo María sacando de debajo de la almohada una bolsa de seda á manera de saco, cerrada por dos cordones.

—Abre la bolsa y toma una llave que encontrarás en ella.

María sacó de la bolsa una pequeña llave.

—Abre ahora aquel armario, dijo el anciano señalándola uno que habia al fondo de la alcoba.

La jóven se levantó, fué al armario y le abrió.

—Está vacío: dijo.