—Y ha querido que su hija vaya hecha un ascua de oro, con ciertas alhajas que él allá en otro tiempo tomó á los moros. Ya vereis, ya vereis como María viene hecha una imágen.
La iglesia se va llenando de gente: y los monaguillos suben á la torre, para repicar cuando asomen los novios allá por lo último de la calle Real, y el sacristan saca el terno mas lujoso para el señor beneficiado, y luego cubre de blandones el altar mayor, y manda avisar al organista.
Porque el señor Gonzalo Nuñez ha vuelto rico de la guerra, y quiere casarse como un rey, con música y luces, y la iglesia colgada de damasco rojo con espejuelos.
Y cada vez van acudiendo mas muchachas engalanadas, y la iglesia se llena y todos esperan.
Y el rey Abul-Walid-Abu-Said, desgarra entre tanto los hijares de su corcel, y blande la lanza de dos hierros, y mira ansioso el camino adelante, y tras él van sus moros de Granada, sus moros, que cubren el camino como una larga serpiente herizada de lanzas, y que corren, corren, vuelan como el semoum, detrás de su rey que cabalga el delantero, y de su estandarte real, que ondea junto al pendoncillo de la lanza del rey.
—Y ¡corre, corre que el sol sube! grita Abul-Walid á su caballo; ¡corre que tocan á fiesta las campanas de Martos, y ese toque me espanta! ¡corre, Lucero mio, y te regalaré un pretal de oro, y te coronaré de garzotas de diamantes! ¡corre, Lucero mio, corre, que me roba el cristiano la vírgen de la frente pálida!
Y cada moro dice á su caballo:
—¡Corre, corre, que el rey vuela! ¡corre, que allí están la doncellas cristianas y la rica presa, y los cautivos que se truecan por oro! ¡corre, corcel mio, corre, que el rey vuela, y allí en la cercana villa, están el amor y la fortuna!
Y pasan como un torbellino y zumban como el huracan, y los labriegos al verlos acercarse huyen despavoridos hácia los muros gritando:
—¡Los moros! ¡al arma la tierra! ¡los moros de Granada vienen en busca de nuestras mugeres y de nuestra plata!