—¿Y qué hacer? dice al fin.
—El wazir del rey Masud-Almoharaví tiene muchos enemigos.
—Es soberbio, iracundo y rapaz; ofende contínuamente á los mas poderosos, apartándolos del rey, y trata como á sus esclavos á los vasallos del rey.
—Por lo mismo esta noche están congregados algunos caballeros tratando de su muerte; pero no se atreven á ella, porque les falta una cabeza poderosa, un infante de Granada, como tú por ejemplo.
—¿Y dónde se reunen esos caballeros?
—En las cuevas de Dinadamar: si tú los buscas, ellos te acogerán con alegría; y ayudado por ellos podrás matar al rey impunemente.
—¿Será necesario sublevar á Granada contra el wazir?
—Busca el medio mas seguro: eso es de cuenta tuya. Ya te he dicho bastante. Quédate en paz.
Y el mago, sin que el infante pudiera esplicarse cómo, desaparece de sus ojos.
—Ebn-Ismail permanece algun tiempo inmóvil, despues levanta la cabeza, fija la vista en el mirador, y esclama: