—¡Es verdad! dice el infante.
—Recuerda aun que en esa torre está tu hermana.
Y el mago pronuncia esta última palabra de una manera singular, hasta el punto de que repara en ello el infante.
Y como si el mago adivinara su pensamiento, añade:
—Muestra las joyas que tu hermana llevaba el dia en que la encontraste en Martos, y muéstralas á tu padre el walí de Algeciras.
—¿Esplícame?...
—Tu padre te lo esplicará. Por ahora lo que mas importa es proteger á María: si tú mueres por haber matado al rey, María quedará sola y abandonada, y no habrá dejado de ser cautiva de Abul-Walid, sino para serlo de su hijo. María es hermosa...
—¡Es verdad!
—Comprende, pues, por qué debes procurar que la muerte del rey no cause la tuya.
El infante inclina la cabeza y permanece pensativo.