Ebn-Ismail recordó entonces la conjuracion de los enemigos de Masud-Almoharaví en las cuevas de Dinadamar, y recordó á María.

—Mañana morirá el rey, dice con voz segura á Ketirah.

—¡Mañana!

—Sí; pero para que mañana muera, es necesario que me separe de tí esta noche.

—¡Oh! pues si nuestra separacion ahora, ha de procurarnos una union eterna, vé, amado mio, vé, mañana te espero.

El infante se separa de la sultana y pasa sereno y tranquilo delante del rey.

—¡Oh! dice Abul-Walid: no diré á nadie mí deshonra, pero me vengaré: primero tú infante de Granada, para que el corazon de esa infame que te ama se rompa, y luego ella para que te acompañe... en la muerte.

Y el rey disimulando su rabia se acerca á la sultana, la saluda y la sonrie.

XIII.

Ebn-Ismail entre tanto, sale de Generalife por la parte alta, desciende rápidamente por la falda de la Silla del Moro, llega á los cármenes del Darro, atraviesa el rio, trepa por la opuesta vertiente, recorre una ladera y se encuentra en el barranco donde están las cuevas de Dinadamar.