Un dia... hace muy poco tiempo, Yshac me dijo:
—Ha llegado la hora.
—¿La hora de conocer á mi amado?
—Sí, me contestó.
Al dia siguiente me montó en un asno sencillamente enjaezado y cubierta con un haike, y él detrás, cubierto con su albornoz, me sacó del jardin; seguimos el rio abajo, atravesamos una hermosa ciudad, salimos a una deliciosísima vega y caminamos por ella hácia donde se pone el sol.
Aquella noche llegamos á otra ciudad rodeada de fuertes muros y altísimas torres.
¿Qué ciudad es aquella, pregunté á Yshac, que brilla como plata bajo la luz de la luna?
—En esa ciudad está el amado de tu alma, me contestó.
Y no dijo mas palabra, por mas que le pregunté.
Dormimos aquella noche en una casa, junto al rio, cerca de la ciudad.