Pasa lo que resta de noche paseándose por su cámara, delirando como un ébrio, y encendida el alma con el ardiente recuerdo de las caricias de la tentadora sultana Ketirah.

XV.

Al dia siguiente el infante Ebn-Ismail, su hermando Yshac, y como hasta cincuenta caballeros parciales suyos, aparecen en la Puerta del Juicio de la Alhambra dentro del círculo de los guardas, y al pie del trono de justicia.

Su nobleza les concede aquel lugar que nadie les ha disputado.

Aun no ha salido el sol, y el rey no se ha sentado en el trono de justicia.

Pero ya están allí el estandarte real, y los guardas, y los que esperan para esponer sus quejas.

Nótase algo de sombrío en el semblante de Ebn-Ismail y de los caballeros que le acompañan.

Sus miradas inquietas parece que esperan la aparicion de algo que tarda, y sus oidos atentos un rumor que no suena.

Y no es el rey lo solo que esperan. No es el alarido de las trompetas que anuncian su llegada el ruido único que ansían escuchar; porque sus miradas y su atencion tanto parecen dividirse entre el interior del alcázar y el esterior de él.

Al fin suena un alto alarido de trompetas, añafiles y atakebiras en la parte de adentro, y el infante Ebn-Ismail y los caballeros que le acompañan se inquietan y palidecen.