—Al wazir tambien, dice el infante.

—Si nos dás el oro que sea necesario, aun nos queda tiempo bastante para pagar la gente aventurera, los mendigos y los alborotadores, y producir un motin, dice otro.

—Oro tendreis cuanto sea necesario, replica el infante.

—Pero, si hemos de matar al rey, dice el que primero ha hablado, es necesario que pensemos en quién ha de sucederle.

—¿Y quién ha de sucederle mejor que su hijo y de la sultana Aleidah? dice el infante.

—El príncipe Mohammet es muy jóven aun, dicen la mayor parte de los conjurados.

Y—No faltará quien gobierne durante su juventud, dice el infante.

Trátase al fin el negocio, líganse unos á otros con juramentos, dánse señas, salen de la cueva, y dos de ellos acompañan al infante á su casa á recibir el dinero con que habia de pagarse la sublevacion del populacho.

El infante queda solo.

Pero no se recoge al lecho.