—¿Y por qué has ajusticiado á esos hombres?

—Para que el pueblo no nos hiciera pedazos.

—Quiero que el amado de mi alma sea sultan, y yo ser sultana; replica con doble insistencia Ketirah.

—El pueblo no recibirá un rey que tiene teñidas las mano en la sangre de Abul-Walid, á quien amaba. El pueblo mirará con horror á la esposa de Abul-Walid entre los brazos de su asesino.

—¿Y qué hemos de hacer? ¿hé de perder yo á mi amado?

—Gozar puedes sus amores sin zozobra y en secreto, siendo gobernadora del reino conmigo á nombre del príncipe Mohammet.

—¡El hijo de Aleidah!

—¿No murió su madre?...

—Sí.

—¿No es débil de salud el príncipe?