Pero de repente sonó una música poderosa de trompetas y atabales, de dulzainas y añafiles, y entró el rey en la plaza.
A la derecha del rey venias tú.
Al verte mi corazon se estremeció, fijé en tí mis ojos y ya no los aparté mas.
Porque tú eras el hombre de mi amor. Mi corazon me lo dijo.
Pero tú me miraste un momento, y luego... apartaste de mí los ojos y no me volviste á mirar mas.
En cambio otro hombre me miraba tenazmente.
Era el rey.
Yo apartaba los ojos del rey, los fijaba en tí y no veia nada de lo que tenia alrededor.
Y las fiestas se acabaron y tú desapareciste, y yo quedé ciega y desdichada, con el corazon frio y los ojos llenos de lágrimas.
Al dia siguiente Yshac me trajo otra vez al jardin.