—¡Oh! ¡sino fuera moro este mancebo!
VIII.
Cuando concluyó la comida, doña Catalina se retiró y el baron catalan y el infante granadino quedaron solos.
Despues de hablar de varios asuntos, Abd-el-Rahhaman dijo á Men Roger:
—Tú eres valido del rey tu señor.
—El noble rey don Alonso conoce mi lealtad y la premia concediéndome su confianza, contestó el aragonés con cierta reserva porque no sabia á donde iba á parar el moro.
—¿De modo que si tú pidieras una gracia para mí al rey tu señor, para mí que desde ayer soy su vasallo?...
—¿Y qué gracia es esa?
—¿Una vasalla del rey?