—Sí; mas que eso aun; una sierva.
—¿Para hacerla tu esposa?
—Sí.
—¿Y quién es?... ¡sierva del rey! ¡no puede ser noble!
—El rey puede concedérmela.
—Te prometo que si concedértela puede, te la concederá.
El infante estrechó la mano del baron catalan, y poco despues se separó de él.
IX.
Al dia siguiente se presentó Abd-el-Rahhaman con toda la ostentacion de su embajada al rey de Aragon.
Le precedian los presentes del rey de Granada.