»Otro sí: cómo el infante de Granada Abd-el-Rahhaman, y el noble, alto y poderoso señor Men Roger de Cardona, vasallos ambos del señor rey de Aragon, habian pedido á un tiempo á dicho señor rey les concediese por esposa la infanta Walidé, que se hallaba presente en el trono de la hermosura.

»Y finalmente, que el susodicho señor rey de Aragon habia ordenado que para no ofender á ninguno de los dos pretendientes, riñesen á la infanta Walidé, en palenque cerrado de poder á poder, en trance de muerte, si necesario fuese, ante Dios y el bienaventurado apóstol San Jaime.»

El rey de armas Cataluña repitió este pregon en los cuatro ángulos del palenque, y luego leyó los capítulos del combate.

Segun ellos se tendria por vencido:

«El que se saliere del palenque dejando en él á su contrario.

»El que cayere del corcel al suelo.

»El que pidiere suspension del duelo.

»El que usare de malas artes, prohibidas por las leyes de la caballería.

»El que hiriere de mala manera á su contrario.»

Y otros muchos y prolijos capítulos que se leian en tales ocasiones, y que estaban autorizados por la ley y por la costumbre.