Y lo que era mas estraño; la hermosa doña Catalina de Cardona, la hermana del difunto, habia desaparecido tambien.
XV.
—¿Y cómo aconteció eso? dijo María, que escuchaba con sumo interés al mago.
—De una manera muy sencilla. El infante cuando pudo dominar á su caballo, comprendió la situacion en que se encontraba: no le cupo duda de que su enemigo habia sido declarado vencedor y de que se le habria entregado la infanta Walidé.
Al pensar esto, la venganza lució como un relámpago sombrío en el alma del infante.
—¡Oh! dijo, tú me has robado mi amante, yo te robaré tu hermana, la hermosa doncella de las crenchas de oro.
Y desde que el infante adoptó esta resolucion, como que le pareció menos dolorosa la pérdida de Walidé.
Pero para ello era necesario ser muy prudente. Se encontraba en medio de los campos y se dirigió sin vacilar á un caserío.
Un labriego le salió al encuentro.
—Tú eres pobre: le dijo el infante, que hablaba bien el español.