Y cerró la reja.

Abd-el-Rahhaman permaneció algunos momentos delante de aquella reja, mudo, y anonadado y luego alzó con resolucion la cabeza, y dijo:

—Por el Dios Altísimo y Unico, hermosa cristiana que has de ser mia.

XVII.

—¿Y lo fué? preguntó María con gran interés al mago.

—Sí; ¿no te he dicho que tú eres hija de doña Catalina de Cardona?

—¡Ah!

—El infante de Granada insistió, suplicó, lloró, y al fin como tu madre estaba enamorada, se rindió.

—¿Huyó con mi padre?

—Sí, con el infante de Granada Abd-el-Rahhaman, la misma noche en que se celebraban las bodas de Men Roger de Cardona, con la infanta Walidé. Asistamos á las bodas, voy á presentártelas. Mira.