—En fin, ¿no sereis mia? ¿no partireis conmigo á mi Granada?

—¡No! esclamó doña Catalina.

Y guardando silencio por un momento, dijo:

—¡A Dios!

—¡A Dios! ¿es decir que me dejais?

—Me aparto de vos.

—¿Y no volveremos á vernos?

—No nos debemos ver: á Dios.

—Esperad, esperad, vida de mi vida, ved que desdeñando mis amores, me matais.

—A Dios, repitió doña Catalina.