De María, que mas pálida y mas triste que de costumbre, doblegaba la cabeza bajo uno de esos presentimientos oscuros que nos oprimen el corazon, porque no sabemos si vá á acontecernos una gran ventura, ó una gran desgracia.
La sultana Ketirah, por su parte, en la habitacion inferior, estaba consternada.
Al entrar el infante por el ajimez la habia rechazado, y su semblante estaba lívido y sombrío.
Para que nuestros lectores comprendan lo que pasó aquella noche en la torre de la Cautiva, es necesario que retrocedamos á la noche aquella en que el mago tuvo su última entrevista con María.
XXII.
Pero al retroceder vamos á encontrarnos, no en la Alhambra, sino en la cámara de un fuerte castillo; no en Granada, sino en Algeciras.
Los atalayas del muro entonan de tiempo en tiempo un grito de alerta.
La luna se sepulta en el mar, que abrillantado por su reflejo, parece una inmensa llanura de plata.
A lo lejos se vé á Gibraltar saliendo como un negro fantasma sobre las ondas.