—¿Es la historia del encanto de la caverna?

—Si por cierto, la historia de un rey mago, que fué el padre de las trescientas cincuenta y cuatro hadas.

Y los ginetes fueron á ponerse bajo el resalto gigantesco de una roca, y se agruparon en torno del cuentista.

La tempestad descargó entonces en todo su furor, y empezó á oirse el mugido de las aguas que se despeñaban por la rambla y que crecian á cada momento mezclando su bramido cada vez mas ronco y poderoso, al pujante bramido de lo tempestad.

XXIV.

—Habeis de saber, amigos, dijo el cuentista, con la importancia y el placer del que tiene pendiente de su palabra la atencion de muchos hombres, que habia en esta tierra, no se sabe cuando, pero sí que hace mucho tiempo, un rey muy poderoso, que habia pasado los años de su vida estudiando la astrología, y la ciencia maldita de lo oculto: era pues, muy sabio, y muy poderoso, pero no era feliz: no tenia que necesitaba, y para procurárselo, conjuró á Satanás.

—¿Y Satanás obedeció?

—Sí, porque el rey habia estudiado los siete libros mágicos de Salomon, y se habia hecho mago.

—¿Y que pidió el rey mago á Satanás?

—¡La felicidad!