Tal es el difícil empeño que hemos contraido: para llevarle á cabo, es necesario que nos anticipemos á la construccion de la Alhambra.

Por eso os hemos llevado al sitio en que fué construida.

Por eso al llevaros á la Colina Roja, os la hemos presentado árida y desierta.

II.
LA CASITA DEL REMANSO.

Era el oscurecer de una lánguida tarde de primavera.

Los soldados moros que hasta entonces habian vagado alrededor del viejo torreon de la Colina Roja, habian penetrado en él; se habia cerrado su puerta de hierro, y poco despues una espiral de humo habia aparecido saliendo de una saetera junto á las almenas.

En las ventanas de las casas de la Villa de los judíos y del Albaicin, empezaba á verse acá y allá el reflejo de las lámparas en el interior de las habitaciones.

La luna llena, con su bello color nacarado, asomó sobre la cumbre de la Sierra Nevada, se elevó lentamente é inundó con su blanda luz las distantes montañas, perdidas tras la neblina, la vega cubierta con un velo de vapores, y la ciudad que levantaba como fantasmas sobre las colinas sus torreones y sus alminares.

La Colina Roja estaba desierta; pero un momento despues de la salida de la luna, quien hubiera estado oculto entre las retamas y los jaramagos que cubrian las ruinas del templo de Diana, hubiera visto aparecer por entre una oscura grieta, enteramente cubierta de espinos, una forma humana.

Miró con recelo en torno suyo, y cuando vió que la Colina estaba completamente desierta, adelantó recatadamente, y deslizándose por entre las escabrosidades del terreno, atravesó la cima y bajó á la carrera por la vertiente que iba á concluir en el valle del Darro.