—Sí; pero su katib Zuleka, está sentado tranquilamente á su entrada.
—¡No importa! ¡no importa! ¿qué habrá sucedido á nuestro señor?
XXV.
¿Qué habia acontecido, pues, dentro de la caverna de las trescientas cincuenta y cuatro malas hadas al walí Abd-el-Rahhaman?
Apenas entró en ella, sintió un vértigo inesplicable y se sentó junto á una piedra.
Poco despues reclinó su cabeza en sus rodillas y se durmió.
De repente sintió que le movian suavemente, y oyó una voz que le dijo:
—¡Despierta! infante Abd-el-Rahhaman.
El walí abrió los ojos, y no se encontró ya en la gruta, si no en un alcázar maravilloso.
Pero aquel alcázar tenia algo de terrible.