—¡Ah, perdon para ellos! repuso el walí.
—La última hija tuya, tu María...
—¡Ah! ¿qué es de María? esclamó el walí.
—¡María! corre á la Alhambra, walí, corre á la Alhambra, y salva á María porque la impureza y el crimen la acechan.
—El walí guardó silencio aterrado.
—¿Te acuerdas de tu sobrina Aleidah, la sultana de Granada?
—¡Ah, infeliz!
—Fué envenenada por una muger terrible.
—¿Y quién es esa muger; vive, puedo tomar venganza de ella?
—Esa muger ocupó el tálamo vacío de Abul-Walid; esa muger fué sultana; esa muger envenenó al que creia su padre...