Además este pergamino le revelará los crímenes de la sultana y de su cómplice.
Y dió á su hijo el pergamino que le habia dado el mago en la caverna de las hadas malditas.
—Pues bien; vé, añadió el walí, pero vé á vengar á tu prima la sultana Aleidah, á salvar á tu hermana María: yo te acompañaré.
Y tras estas palabras salieron del aposento y bajaron las escaleras, tomaron los caballos y partieron por entre los cerros á la Alhambra, que ya estaba próxima, el padre y el hijo.
XXVII.
—Padre, dijo el infante Ebn-Ismail mientras marchaban, ¿quieres la felicidad de tu hija la cristiana?
—¡Qué si quiero su felicidad!... yo la he llorado muerta; yo la he recordado continuamente en mis sueños, sin poder olvidarla; y era que mi hija vivia y su espíritu se hacia sentir del mio. ¡Oh! ¡que si quiero hacerla feliz! ¡Dudarías tú, Mohammet, de que yo desease tu felicidad!
—La felicidad de mi hermana María puede serte muy dolorosa, señor.
—¡Dolorosa! ¿y por qué?
—María ama á un hombre.