Las palabras del mago, tenian tal autoridad, tal acento de revelacion, que nadie dudó de ellas.
María no pudo resistir á tanto horror, y cayó desmayada en los brazos de Gonzalo.
—¡Salvadla! ¡salvadla! ¡apartadla de este infierno! gritó el mago.
Y obediente á su voz, Ebn-Ismail y Gonzalo cargaron con María, fueron al ajimez, salió por él Gonzalo y descendió por la escala llevando consigo á María desmayada.
El infante Ebn-Ismail, aseguraba la escala.
Abd-el-Rahhaman y Masud fijaban una mirada ansiosa en el ajimez por donde habia desaparecido María.
—¡Oh! ¡mi hija! ¡mi hija! ¡ya no volveré á verla! esclamó Abd-el-Rahhaman avalanzándose al ajimez.
De repente Masud, á quien arrastraba su amor tras María, se avanzó tambien al ajimez, saltó por cima del infante Ebn-Ismail, y se asió á la escala recibiendo una puñalada en el pecho de manos del infante.
Y sin embargo, como si el amor hubiera sido para él una segunda vida, se deslizó por la escala y llegó al pié de ella á tiempo que Gonzalo con María, desmayada aun, montaba á caballo.
Masud montó en el otro caballo que tenia del diestro un esclavo, le arrebató la lanza y siguió á la carrera, tras el caballo de Gonzalo que corria barranco arriba.