A principios del siglo actual, los franceses, los hijos de ese pueblo ilustradísimo, que vinieron á España con el no menos ilustradísimo, sabio, prepotente colosal Bonaparte, tuvieron el buen gusto de minar la Alhambra y de barrenar sus muros: no podian llevársela como se llevaron otras tantas cosas que aun no han vuelto, y quisieron destruirla; afortunadamente un soldado de los inválidos del castillo, tuvo valor bastante para cortar la mina, pero cuando ya habia volado la magnífica torre del Agua, cuyos vestigios se vén con vergüenza de los civilizadores del mundo en la parte sur de la Alhambra, donde yacen arrojados fragmentos de los muros sobre el barranco. Del mismo modo por la parte de adentro de los muros, junto á la torre de los Siete Suelos, se vé un colosal fragmento de bóveda, surcado por los barrenos, fragmento que debia tener sobre si una inscripcion que dijese:

«No fueron españoles los que esto hicieron, sino los franceses que trajo á España para civilizarla Napoleon el Grande.»

De la misma manera en la torre de los Picos, en la bellísima torre de los Picos, debia escribirse:

«Las balas rasas que dejaron sus señales como se vén en el muro de esa torre, fueron disparadas desde las baterías de la Silla del Moro, por los franceses que acaudillaba el mariscal Sebastiani.»

Y debia añadirse:

«La Alhambra no resistió; esas ruinas fueron hechas con la sola intencion de destruir; las señales de esas balas de treinta y seis, no las recibió en medio del combate la torre de los Picos; los franceses las dispararon inútilmente para destruir la torre, que resistió como un viejo soldado tras su coraza á prueba. La Alhambra tembló bajo la esplosion de las minas, se rajaron sus torres y sus muros, pero resistió, no se destruyó enteramente, como si un génio invisible la hubiera protejido.»

Sin embargo, la torre de los Siete Suelos quedó destrozada, su parte interior y sus adornos volaron, algunos fragmentos de las magníficas enjutas de mármol de su puerta, han parecido ahora entre los escombros, y están en poder de uno de los amigos del autor.

Como si no hubiera sido bastante el bárbaro atentado de los franceses, un dia, durante la última guerra civil, cuando tuvo lugar sobre Castilla y Andalucía la espedicion de Gomez, púsosele en la cabeza á un capitan general de Granada fortificar la Alhambra, y un ingeniero para orlar la torre de los Siete Suelos de una tapia aspillerada, voló su parte superior que los franceses habian rajado.

Ahora, por último, la intendencia de la Casa Real, ha retirado las escasas cantidades destinadas para restaurar la Alhambra; parece, pues, que estraños y propios, montescos y capeletes, han tomado por empresa que la Alhambra desaparezca de sobre la haz de la tierra.

Nosotros al ver esto bajamos la cabeza, y decimos como los árabes: