¡Qué se cumpla lo que esta escrito!
II.
Pero en los tiempos antiguos, era distinto.
La torre de los Siete Suelos, era una magnífica torre.
Alzaba con altivez sus muros orlados de almenas reales.
Ostentaba los bellos mármoles labrados de su ingreso, y los ajimeces calados del muro, y sus matacanes y sus ladroneras y su ancho cubo, sobre cuya plataforma vagaban los soldados del rey moro.
El sol al salir alumbraba con alegría aquella puerta.
Pero antes del rey Abul-Walid, la torre de los Siete Suelos, no tenia unida á sí la terrible tradicion que con ella vive.
Esta tradicion es sombría.
Dícese que todas las noches, al dar el reloj las doce, sale de la torre un caballero moro, ginete en un caballo blanco sin cabeza, y precedido por un enorme y lanudo perro blanco, que recorren con la rapidez del relámpago los bosques de la Alhambra, y que al espirar la última campanada de las doce, vuelven á la torre y á su último suelo, del que no vuelven á salir hasta la noche siguiente.