—¡A vendérmela! pide cuanto desees, cuanto quieras.
—Yo no quiero dinero.
—¿Qué quieres pues?
—Dos cosas solas.
—Habla.
—Quiero que Bekralbayda sea doncella de tu esposa.
—¡Ah! ¡poner junto á la terrible Wadah, á ese arcángel del sétimo cielo! ¿Sabes tú quién es Wadah?
—Soy astrólogo y mago: lo sé.
Tembló imperceptiblemente el rey Nazar.
Ni uno ni otro se habian movido del sitio donde se habian parado.